Vender sin querer

Nadie duda que el “Emprendedurismo“?  (palabrita que no aparece en mi diccionario), va de la mano con las dotes comerciales para posicionar la marca personal.

La imagen de esta película me recuerda a Don Arturo, valenciano por los cuatros costados y digno descendiente de la cultura fenicia. Caballero andante de damas de casa. Capaz de vender en un plis plas una batería de cocina con enciclopedia incluida, a fincas enteras.

Cuando miraba a una señora preguntándole por su familia, salud……, su interlocutora no podía menos que responder con una sonrisa. Después de tan amena conversación, sacaba a relucir su producto y no era fácil resistirse aunque alguna lo hiciera más o menos amablemente.

¿Su estrategia, un don o realmente empatía en estado puro?. Prefiero que aflore mi vena romántica y pensar que Don Arturo, maestro de comerciales, era una bella persona, capaz de dejarse cautivar por su posible cliente olvidándose de su objetivo.

Su éxito radicaba en su arte de vender sin querer.

 

 

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