“Hogar, dulce hogar”

Vivir en un hogar y sentarse a su calor no era el deseo de un famoso artista, que decía sentirse en casa, allí donde dejaba su sombrero. Que su loable desapego no es el mío, me lo recuerda el “por fin en casa”, acompañado de un hondo suspiro, que me sale del alma, cuando cruzo el umbral de mi refugio. Por muy viajera infatigable y ávida de experiencias que sea una, a menudo no he encontrado el lugar adecuado para alojarme y por ello, una escapada, que prometía ser maravillosa, no ha llegado a serlo tanto.

Creo que el establecimiento, donde vives un tiempo, no está solamente para pernoctar. Es un espacio íntimo, gracias al cual repones fuerzas para disfrutar al máximo de tu estancia. Vale la pena dedicar tiempo a su búsqueda, antes de marcharnos, no sea que durante las tan ansiadas vacaciones, estemos añorando la vuelta a casa.

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